Una dulce nevada está cayendo

Una dulce nevada está cayendo
detrás de cada cosa, cada amante,
una dulce nevada comprendiendo
lo que la vida tiene de distante.

Un monólogo lento de diamante
calla detrás de lo que voy diciendo,
un actor su papel mal repitiendo
sin fin, en soledad gesticulante.

Una suave nevada me convierte
ante los ojos, ironistas sobrios,
al dogma del paisaje que me advierte

una voz, algún coche apareciendo,
mientras en lo que miro y lo que toco
siento que algo muy lejos se va huyendo.

Ama la superficie casta y triste

Sé el que eres
Píndaro

Ama la superficie casta y triste.
Lo profundo es lo que se manifiesta.
La playa lila, el traje aquel, la fiesta
pobre y dichosa de lo que ahora existe.

Sé el que eres, que es ser el que tú eras,
al ayer, no al mañana, el tiempo insiste,
sé sabiendo que cuando nada seas
de ti se ha de quedar lo que quisiste.

No mira Dios al que tú sabes que eres
—la luz es ilusión, también locura—
sino la imagen tuya que prefieres,

que lo que amas torna valedera,
y puesto que es así, sólo procura
que tu máscara sea verdadera.

Ah déjame soñar el sueño antiguo

 

Ah déjame soñar el sueño antiguo
y sus habitaciones descompuestas
por una ropa echada, alguna puerta.
Ah déjame soñar el sueño antiguo.

Tiempo profundo entre los viejos pinos
a quienes lo remoto agita y presta
la vaga cabellera de la siesta.
¡Tiempo profundo entre los viejos pinos!

Paisaje de temblor y de vacío,
no me quites también esta penuria,
paisaje de temblor y de vacío.

Déjame al menos lo que ya se ha ido.
No me quites la muerte, la honda lluvia.
Déjame al menos lo que ya se ha ido.


Y sin embargo sé que son tinieblas

Y sin embargo sé que son tinieblas
las luces del hogar a que me aferro,
me agarro a una mampara, a un hondo hierro,
y sin embargo sé que son tinieblas.

Porque he visto una playa que no olvido,
la mano de mi madre, el interior de un coche,
comprendo los sentidos de la noche,
porque he visto una playa que no olvido.

Cuando de pronto el mundo da ese acento distinto,
cobra una intimidad exterior que sorprendo,
se oculta sin callar, sin hablar se revela,

comprendo que es el corazón extinto
de esos días manchados de temblor venidero
la razón de mi paso por la tierra.

Oh parque del otoño

 

Oh parque del otoño, deshojado
como alguien que deja suavemente
sus recuerdos, oh paz grave y vehemente,
entre el verde frescor desdibujado!

Dulcemente mortal te he contemplado
como en oscuras ráfagas, sin verte,
cuento con tu persona a mi costado
y no te miro para no perderte.

¡Dichoso tú que a un mismo tiempo eres
el soñador y el sueño, casta ley
en las nupcias del ojo y lo mirado!

Mas, ¿qué intentas decir, qué es lo que quieres,
cuando te quedas quieto como un rey
divinamente desilusionado?